El uso del color blanco y del color negro en el mundo artístico, concretamente en la pintura, siempre supone un gran debate. ¿Es correcto usarlo o no? Son muchos los que defienden que utilizar cualquiera de estos dos pigmentos no se debe hacer, pues realmente son colores que no pertenecen al espectro cromático. Se les denomina: no colores.
Y al contrario, otros postulan por sí usarlos gracias a los contrastes y riqueza que pueden llegar a aportar. El motivo es que nuestros ojos nunca podrán apreciar ni un negro ni un blanco absoluto, sino más bien matices.
El color blanco
No es un color en sí mismo, sino que es el resultado del reflejo de todos ellos a la vez. El color de la luz solar no descompuesta, y por eso se le asocia con el concepto de luz y se usa para representarla. Cuenta con la máxima claridad. A lo largo de la historia se ha utilizado con múltiples significados.
Según la psicología del color, el blanco puede representar un nuevo comienzo, el bien, la paz, frescura, ligereza y armonía.
Puesto que no se puede obtener de otra manera, mediante mezclas, se le engloba junto con los primarios. Su obtención, dependiendo del tono, puede venir de minerales como titanio, zinc… o piedras, como la caliza. Incluso de plantas, aunque su cobertura es menor.
Su uso muchas veces, dependiendo de la técnica, es con el mismo fondo del soporte que estemos usando, en vez de aplicar el color en sí.

El color negro
Al igual que el anterior mencionado, es otro de los colores acromáticos. El color negro se produce por la ausencia de luz reflejada, es decir, absorbe toda la luz que incide sobre el. Al mezclar los 3 colores primarios deberíamos obtener algo parecido a un negro, pero no el negro puro al uso que conocemos hoy en día. Más bien parecido a un marrón muy oscuro. Históricamente ha representado el luto, la oscuridad, la elegancia, el individualismo y el dramatismo.
Se obtienen o elaboran del carbón u otros minerales, cabello humano o de animales, huesos o plantas.
Una de las principales razones por las que se recomienda no usar negros puros es que puede hacer que tus colores se vuelvan opacos, sucios o sin vida. Al mezclar nuestro propio negro, los resultados son mucho más ricos y con más profundidad.

Además de con los primarios, hay otras formas de conseguirlo. Por ejemplo, mezclando carmín garanza con verde esmeralda o azul ultramar con siena tostada, se puede conseguir un tono casi negro absoluto, con unos matices muy interesantes. Aunque el uso de estos dos colores provoca cierta controversia entre los experimentados del mundo artístico, han sido empleados en toda la historia.
Pueden formar parte de la paleta de cualquier artista y usarse para crear efectos de contraste, representar la luz y las sombras, crear volumen, estudiar el color y un largo etcétera. Si bien, se usan más que nada como complemento para mezclar con otros colores y para aplicar los detalles finales y conseguir los puntos máximos de luz o de oscuridad.
Nuestra recomendación es que experimentes con todos los colores, y a medida que pruebes, encontrarás lo que mejor funcione en tus obras.
¿Qué opinas tú?










