La colección Leonardo se propone ofrecer a todos una importante ocasión que no hay que desaprovechar: la de progresar en el dibujo y la pintura, adueñándose gradualmente de uno de los medios de expresión más fascinantes. Estaos convencidos de que todos tenemos la posibilidad de llegar a resultados por lo menos satisfactorios en este campo, mientras que por lo general son pocos los que tienen la oportunidad de dedicarse a él. Es una opinión difundida la de que para pintar se requieran dotes innatas y excepcionales, pues enseguida se piensa en el gran Artista, el Genio de la pintura. Pensemos, sin embargo, en la gran naturalidad con la que los niños dibujan y pintan, haciéndolo incluso antes de haber aprendido a leer y escribir. Lo que queremos decir es que el deseo y la posibilidad de definir y hacer participes a los demás de las propias experiencias visivas existe den todos nosotros, y que forma parte de un instinto presente y activo desde los tiempos más remotos.
En realidad, el dibujo y la pintura precedieron con mucho a la invención de la escritura alfabética, que deriva de la evolución de sistemas pictográficos e ideográficos que se remontan a poco menos de 6000 años atrás: nos lo demuestran las obras, mucho más antiguas, el hombre de las cavernas esparcidas en diversos lugares de Europa y el África mediterránea.
Para quien, consciente o inconscientemente, tenga inclinación por las cosas del arte, decidirse a aventurarse con colores al óleo y pinceles, cartones y lienzos, puede ser una experiencia determinante. Aparte de la sensibilidad innata de cada uno ,siempre existente en grados diferentes, es una experiencia que puede despertar y desarrollar cualidades del carácter ignoradas, llevar a un vaivén de entusiasmos y desilusiones y provocar de buen principio arrebatos de rabia: de todos modos y para decirlo con una sola palabra, es una experiencia provocativa. La discutible validez de los resultados iniciales no cuenta mucho, o de todas maneras cuenta menos que la experiencia en sí misma, siempre reveladora. Respecto al uso de los colores, a cuáles escoger para mezclarlos en la paleta y obtener las nuevas tintas necesarias y los tonos de la carne, consideramos que, como ya hemos dicho, trabajando y chapuceando con perseverancia, cada cual debe aprender solo. “Errando se aprende”, dice un proverbio aún válido, y también es verdad que quien más trabaja más se equivoca, pero obtiene siempre un resultado mejor que quien trabaja poco o confía solamente en las experiencias ajenas. El pintor diletante debe tener presente estas pocas reglas: está prohibido mezclar los colores en el lienzo, hay que hacerlo en la paleta; los colores de tierra, especialmente en las primeras capas, son mejores que las lacas; los fondos y toda la extensión inicial del color deben ser sueltos y poco densos, pero más oscuros de lo deseado; al modelar, hay que asar siempre del oscuro al caro no viceversa; no existe el color carne, por eso se deben descubrir en el juego de la luz sobre los cuerpos desnudos, tanto los tonos rosados y dorados como aquéllos donde hay también el verde, el violeta y el azul; para pintar bien el desnudo, antes hay que aprender a dibujarlo bien con lápiz y carboncillo, o mejor con el pincel. Esto último es, a nuestro parecer, lo más importante e indicamos a los interesados nuestros cuadernos sobre las bases del dibujo. De todos modos, el blanco y negro ocupa aquí el mimo número de páginas que el color. Hay que proveerse de papel para bocetos y para dibujo de granulosidad suave pero no lisa, de lápiz blando y minas de carboncillo compacto con portaminas.
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https://hartem.com/de-de/desnudos-n-7-coleccion-leonardo.html13598Desnudos nº7 Colección Leonardo<p><span>La colección Leonardo se propone ofrecer a todos una importante ocasión que no hay que desaprovechar: la de progresar en el dibujo y la pintura, adueñándose gradualmente de uno de los medios de expresión más fascinantes. Estaos convencidos de que todos tenemos la posibilidad de llegar a resultados por lo menos satisfactorios en este campo, mientras que por lo general son pocos los que tienen la oportunidad de dedicarse a él. Es una opinión difundida la de que para pintar se requieran dotes innatas y excepcionales, pues enseguida se piensa en el gran Artista, el Genio de la pintura. Pensemos, sin embargo, en la gran naturalidad con la que los niños dibujan y pintan, haciéndolo incluso antes de haber aprendido a leer y escribir. Lo que queremos decir es que el deseo y la posibilidad de definir y hacer participes a los demás de las propias experiencias visivas existe den todos nosotros, y que forma parte de un instinto presente y activo desde los tiempos más remotos. </span></p> <p><span>En realidad, el dibujo y la pintura precedieron con mucho a la invención de la escritura alfabética, que deriva de la evolución de sistemas pictográficos e ideográficos que se remontan a poco menos de 6000 años atrás: nos lo demuestran las obras, mucho más antiguas, el hombre de las cavernas esparcidas en diversos lugares de Europa y el África mediterránea. </span></p> <p>Para quien, consciente o inconscientemente, tenga inclinación por las cosas del arte, decidirse a aventurarse con colores al óleo y pinceles, cartones y lienzos, puede ser una experiencia determinante. Aparte de la sensibilidad innata de cada uno ,siempre existente en grados diferentes, es una experiencia que puede despertar y desarrollar cualidades del carácter ignoradas, llevar a un vaivén de entusiasmos y desilusiones y provocar de buen principio arrebatos de rabia: de todos modos y para decirlo con una sola palabra, es una experiencia provocativa. La discutible validez de los resultados iniciales no cuenta mucho, o de todas maneras cuenta menos que la experiencia en sí misma, siempre reveladora. Respecto al uso de los colores, a cuáles escoger para mezclarlos en la paleta y obtener las nuevas tintas necesarias y los tonos de la carne, consideramos que, como ya hemos dicho, trabajando y chapuceando con perseverancia, cada cual debe aprender solo. “Errando se aprende”, dice un proverbio aún válido, y también es verdad que quien más trabaja más se equivoca, pero obtiene siempre un resultado mejor que quien trabaja poco o confía solamente en las experiencias ajenas. El pintor diletante debe tener presente estas pocas reglas: está prohibido mezclar los colores en el lienzo, hay que hacerlo en la paleta; los colores de tierra, especialmente en las primeras capas, son mejores que las lacas; los fondos y toda la extensión inicial del color deben ser sueltos y poco densos, pero más oscuros de lo deseado; al modelar, hay que asar siempre del oscuro al caro no viceversa; no existe el color carne, por eso se deben descubrir en el juego de la luz sobre los cuerpos desnudos, tanto los tonos rosados y dorados como aquéllos donde hay también el verde, el violeta y el azul; para pintar bien el desnudo, antes hay que aprender a dibujarlo bien con lápiz y carboncillo, o mejor con el pincel. Esto último es, a nuestro parecer, lo más importante e indicamos a los interesados nuestros cuadernos sobre las bases del dibujo. De todos modos, el blanco y negro ocupa aquí el mimo número de páginas que el color. Hay que proveerse de papel para bocetos y para dibujo de granulosidad suave pero no lisa, de lápiz blando y minas de carboncillo compacto con portaminas.</p> <p> </p>https://static.hartem.com/media/catalog/product/d/e/desnudos.webp9outofstock108.411213953271101000https://static.hartem.com/media/catalog/product/d/e/desnudos.webp/Viciana Editorial /Figura humana, desnudos y retratos/Colección Leonardo Vinciana -Taker/Bildende Kunst Hartem/Bildende Kunst Hartem/Bücher über Zeichnen1404985860000